Killer Fandango
Anoche me dedique durante unas horas a la tarea más productiva que haya hecho en algún tiempo. Cuando hace un mes atrás fue mi cumpleaños, me regalé un reel rotativo, para demostrarme que no temía a nada y que la pesca pronto carecería de secretos para mí. Dos semanas después, en ocasión de pasar el fin de semana con la flia, decidí ir a practicar (como me habían recomendado) antes de lanzarme a la lucha en el mar bravío.
Resulta que en el segundo tiro de práctica, todas las aviesas alarmas sobre el uso de un reel rotativo se hicieron realidad: una galleta de proporciones míticas se apoderó de la parte central del carretel, a unos sesenta metros del comienzo del carrete. Después de un par de intentos infructuosos de utilizarlo, volví al viejo y querido Calador 570, y confiaba en desbaratar el chanchullo que había poseído a mi nuevo compañero.
Ayer por la noche decidí que ya había esperado suficiente y que mi situación kármika se prestaba para una intentona profunda sobre el elemento en cuestión. Pronto descubrí que el sedal tenía un corte en algún punto intermedio de la galleta, por lo que pronto tenía tres puntas distintas con las que lidiar en el espacio.
Ocupado en tan hercúlea tarea, deje el televisor prendido donde estaba, y no pudiendo retirar mis manos de mis quehaceres, fui sometido por una lluvia impiadosa de cátodos enfermizos.
Uno de los programas que desfilaron ante mis desinteresados pero azorados oídos ( no puedo decir ojos porque eran todos para el joven Ozuma y sus cabellos descarriados), fue uno en el que un par de lunáticos intercambiaban sus esposas y se sometían junto con sus hijos a vivir la patética y perversa aventura de vivir con una señora desconocida, todo por salir en la tv y ganar un puñado de billetes. Y los mismos que miran esos programas ¿son? los que votan al sr. B. O tal vez lo que lo votan son los que ven eso y se latigan en la espalda por pertenecer a una sociedad así de inmoral, y claman que quieren tener un presidiente "christian".
Siempre en estos temas bordeo los límites de mi tolerancia y me surge un espíritu neanderthaliano que me da ganas de salir con un garrote a repartir hostias.

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